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24 de noviembre de 2016

Problemas para recordar ¿Por qué olvidamos?

     Recordemos el nombre de todos nuestros compañeritos de primer año de colegio o toda la lista del pedido del mes para el supermercado, o incluso algo más repasado… la materia de último año. ¿Lo logró en su 100%? Probablemente no, pero descuide, es normal, pues se ha establecido que olvidamos de manera ordenada de acuerdo a unos principios establecidos.
     Existen distintas teorías que explicarían nuestra dificultad para recordar hechos o alguna información. Podemos olvidar por diferentes razones, una de estas corresponde al:

1.- Olvido motivado por la represión: Este material, almacenado en la MLP, es olvidado puesto que nos traería un beneficio personal en no recordar, como evitar la ansiedad o magnificar  el pasado manteniendo únicamente recuerdos positivos que reflejen una imagen ideal de sí mismo.

2.- Decaimiento del trazo de memoria: Se cree que existiría una dificultad en la recuperación del material de información alojado en la MLP. Entonces la pregunta crucial sobre los olvidos no motivados es si olvidamos porque la memoria del hecho se deteriora, o porque aunque la memoria de éste permanezca, posiblemente durante toda la vida, no podamos llegar a él para recuperarlo.
     Algunos teóricos sostienen que el olvido es debido a la dificultad de recuperación. Mientras que otros psicólogos opinan que el trazo de memoria (huella o rastro que el aprendizaje deja en el sistema nervioso) persistirá mientras sea utilizado, pero desaparecerá con el tiempo si no se usa.
     Algunas razones para que se produzca el decaimiento de memoria son:

-      Percepción pobre: impresión débil. Lo percibido, por diferentes factores, no se conserva en la memoria. A esto le afectan factores externos (ruido, etc.) y factores internos (distracción).

-      Imposibilidad de repasar: Aplicable sólo a la memoria a corto plazo.

3.- Interferencia
     De acuerdo a este factor, la razón por la cual olvidamos es que otra información, aprendida antes o después, interfiere nuestros recuerdos. De este modo puede ocurrir que, en la memoria a corto plazo, algún material similar a lo que queremos recordar nos impide repasar la nueva, y finalmente olvidamos; mientras que en la memoria a largo plazo, se pueden dar dos procesos de interferencia:

-      Interferencia proactiva (IP): Describe una situación en la cual la información que se aprendió con anterioridad interfiere con la habilidad para recordar la información nueva.
-      Interferencia retroactiva (IR): La información que aprendemos después produce una barrera de memoria que interfiere el recuerdo del material aprendido previamente.

                  4.- Fallo en la recuperación
          Se produce un olvido dependiente de las claves, es decir, dependemos de las claves que nos ayudan para la recuperación y, cuando estas no están presentes, el recuerdo es inaccesible.
          El psicólogo cognitivo Endel Tulving sostiene que cuando se les proporcionan, a las personas, las claves de recuperación adecuadas para aprender algo por primera vez, esas les ayudarán a recordarlo más tarde. Esas claves pueden ser palabras asociadas, significados, agrupación, etc.


Escrito por: Natalia Castillo.

22 de agosto de 2016

Aumenta tu capacidad cerebral a cualquier edad. Parte II


¡Coma una dieta estimuladora para el cerebro!


http://fmradiourbana.com.ar/inicio/wp-content/uploads/2015/09/brain.jpg

Así como hay dietas que sirven como combustible para el buen funcionamiento del cuerpo y el corazón, también están aquellas que funcionan bien para el cerebro. Posiblemente ya hayas oído que una dieta basada en frutas, verduras, legumbres, carnes magras y/o de grasas saludables (como el pescado o aceite de oliva), resulta favorable para nuestro organismo, puesto que entregan una gran cantidad de nutrientes y muchos beneficios para la salud. Sin embargo, esto también puede ayudar a nuestro cerebro y, en especial, a mejorar nuestra memoria.  
Ahora bien, hay que recordar que, a pesar de que haya alimentos saludables para nuestra mente, también están aquellos que no lo son tanto. Para comprenderlo mejor, aquí van algunos consejos nutricionales sobre qué nos beneficia y qué nos perjudica a nivel cerebral:

  • Obtenga su omega-3. Las investigaciones demuestran que los ácidos grasos omega-3 son particularmente beneficiosos para la salud del cerebro. El pescado es una fuente particularmente rica de ácidos grasos omega-3, especialmente el agua de los denominados “pescado azul” tal como el salmón, atún, la trucha, la caballa, las sardinas y el arenque.
  • Si no eres un fan de mariscos, considerar las fuentes que no son peces de omega-3, como nueces, semillas de linaza, aceite de linaza, calabaza de invierno, riñón y frijoles pintos, espinacas, brócoli, semillas de calabaza y semillas de soja.
  • Evita o limita las calorías y grasas saturadas. La investigación muestra que las dietas altas en grasas saturadas (de fuentes tales como carne roja, leche entera, mantequilla, queso, crema y helado) aumentan los niveles de colesterol produciendo unas placas grasas que se depositan en las paredes internas de las arterias y ralentizan el flujo de la sangre al cerebro. Si  estos cúmulos de grasas se depositan en una arteria pequeña, como ocurre normalmente, puede causar la formación de coágulos de sangre que, finalmente, pueden dañar alguna parte determinada del cerebro lo cual pudiese originar algunos déficit cognitivos. Por otra parte, si lo afectado son las células nerviosas del hipocampo o las específicas del lóbulo frontal, el resultado será la pérdida de la memoria. Podemos concluir así que las grasas saturadas pueden conducir, indirectamente, a la pérdida de memoria, a aumentar el riesgo de demencia y a alterar la concentración.
  • Comer más frutas y verduras. Estos productos están repletos de antioxidantes, sustancias que protegen las células cerebrales del daño. Las frutas (de variados colores) y verduras son especialmente buenas fuentes de antioxidantes, además que contienen muy poca o ninguna grasa y su contenido en hidratos de carbono es, principalmente, glucosa y fructosa, azúcares simples que fácilmente se pueden digerir y convertir en energía que el cerebro puede usar.
  • Mantener una ingesta adecuada de fluidos. El agua es esencial para la vida, pero puede suceder que, a medida que pase el tiempo, comenzamos a beber menos de esta fuente vital, y es que, a medida que nos hacemos viejos, el cerebro empieza a fluctuar en la regulación del mecanismo de la sed, y podemos llegar a olvidarnos de indicarnos que debemos beber. Por lo cual es importante crear un hábito desde ya de tomar agua, al menos entre tres a cinco vasos de agua diarios.
  • Beber té verde. El té verde, amigo por excelencia de nuestro organismo, además de ayudarnos a combatir el sobrepeso y el cáncer, entre otras enfermedades, gracias a sus beneficiosas propiedades antioxidantes, ha demostrado también ser un buen protector contra los radicales que pueden dañar las células del cerebro. Además, estas propiedades han demostrado mejorar nuestras funciones cognitivas del cerebro, concretamente de la memoria de trabajo -encargada de los procesos usados para la memoria a corto plazo y la manipulación de la información-. Por lo cual, entre muchos otros beneficios, el consumo regular de té verde puede mejorar la memoria y el estado de alerta mental y el envejecimiento del cerebro lento.
  • Beber vino tinto con moderación o jugos de uva o arándano. Mantener el consumo de vino bajo control es clave. Ya mucho se ha dicho de las diversas bondades que éste tiene para nuestro organismo. Y ahora, nuevamente, todo parece indicar que hemos de agregar otro beneficio, puesto que ayuda a combatir la pérdida de memoria. Gracias al resveratrol, compuesto antioxidante natural que se encuentra en alimentos como las uvas rojas, el vino tinto parece ser la mejor opción para hacer frente al deterioro cognitivo producido por la edad.  Para su consumo se recomienda beber alrededor de 1 vaso diario para las mujeres y 2 al día para los hombres. Otras opciones incluyen resveratrol lleno de jugo de uva, jugo de arándano, uva fresca y bayas, y los cacahuetes.

  • http://www.lr21.com.uy/wp-content/uploads/2016/08/vino-choco.pngChocolate... de buena calidad. El consumo de chocolate de calidad, es decir, aquel que contiene un alto porcentaje de cacao puro, es beneficioso para la memoria, puesto que contiene flavonoles, antioxidante natural que reactiva la actividad neuronal en la región del hipocampo -donde se originan los recuerdos- y eleva el flujo sanguíneo en determinadas áreas del cerebro implicando una mejora de las habilidades cognitivas,  de la memoria y un aumento la atención.
  • Vitaminas esenciales para un efecto favorable. Estas sustancias naturales, además de ser muy beneficiosas para nosotros, se pueden encontrar de formas sencilla. Basta con ir al supermercado o la feria y hacernos de aquellos productos, como carnes, cereales, frutas, verduras, etc. que contengan esos determinados suplementos vitamínicos y minerales necesarios para funcionar mentalmente mejor. Algunos de las vitaminas que nos proporcionan protección y nos ayudan a deshacernos de los radicales libres, culpables del envejecimiento y de la pérdida de memoria, son las vitaminas A, C y, especialmente, E (alfa-tocoterol). Aunque aún hoy en día se realizan investigaciones en relación a sus propiedades y efectos en nuestro organismos, muchos estudios apuntan a que son muy buenos antioxidantes y los expertos aseguran que tomando una dosis diaria adecuada pueden traernos excelentes beneficios para la mente.
¿Dónde encontrarlas?
  • Vitamina A: Pueden encontrarse en productos lácteos, en los huevos en la zanahoria, frutos amarillos y naranjos, brócoli y otras hortalizas de hoja verde.
  • Vitamina C: se pueden encontrar en naranjas, pomelos, bayas de todo tipo y uvas, además de otros productos alimenticios cítricos. Es muy raro que exista alguna deficiencia de esta vitamina.
  • Vitamina E: está presente en el aceite de soja, frutos secos, semillas, germen de trigo y margarina. Sin embargo, puede ser que aún con estos alimentos naturales sea insuficiente dar con la cantidad necesaria para producir el efecto de mejora óptimo que puedes estar buscando. Por lo cual, algunos expertos recomiendan el uso de cápsulas o tabletas multivitamínicas que contengan en mayor medida esta sustancia. 




Escrito por: Natalia Castillo A.
 

Aumenta tu capacidad cerebral a cualquier edad

      ¡Puedes aumentar tu capacidad cerebral a cualquier edad!

Se dice que no se puede enseñar a un viejo perro nuevos trucos, pero cuando se trata del cerebro, los científicos han descubierto que este viejo dicho simplemente no es verdad. El cerebro humano tiene una capacidad asombrosa para adaptarse y cambiar, incluso en la vejez. Esta capacidad se conoce como neuroplasticidad. Con la estimulación correcta, su cerebro puede formar nuevas conexiones neuronales, alterar las conexiones existentes, y adaptar y reaccionar de formas siempre cambiantes.
Algunos dicen que no se le puede enseñar a un perro viejo trucos nuevos, pero con las nuevas investigaciones se ha demostrado que no es así. El cerebro humano es realmente dinámico en el ambiente, tiene una capacidad asombrosa para adaptarse y cambiar, incluso en la vejez. Esta capacidad se conoce como neuroplasticidad o plasticidad neuronal (o sináptica). Esto se refiere a la habilidad  que tiene el cerebro para formar nuevas conexiones nerviosas, a lo largo de toda la vida, en respuesta a la información nueva, a la estimulación sensorial, al desarrollo, a la disfunción o al daño.  Es otras palabras es como la “renovación del cableado cerebral”. Y cuando se trata de aprender y memorizar nueva información, la mente aprovecha el poder natural de la neuroplasticidad para aumentar capacidades y desarrollar nuevas capacidades cognitivas, aún teniendo una avanzada edad.

Entrena tu cerebro
En el momento en que hayas llegado a la edad adulta, tu cerebro ha desarrollado millones de caminos nerviosos (huellas mnémicas) que le ayudan a procesar y recuperar información rápidamente, resolver problemas familiares, y ejecutar tareas habituales con un mínimo de esfuerzo mental. Pero si siempre se adhieren a estos caminos trillados, no se está dando a su cerebro el estímulo que necesita para seguir creciendo y desarrollándose. Para lograrlo tienes que cambiar las cosas de vez en cuando.
“Usarlo o perderlo"
Cuanto más se trabaja a cabo su cerebro, mejor serás capaz de procesar y recordar información. Cambiar las actividades, romper con la rutina, inventar nuevas formas de resolver lo mismo, son formas de desafiar, usar y desarrollar nuevas huellas de memoria.

Cuatro elementos clave de una buena estimulación cerebral


  1. Se le enseña algo nuevo. No importa qué tan exigente sea intelectualmente la actividad, si se trata de algo para lo que ya seamos buenos, no será un buen ejercicio para lograr la estimulación mental necesaria. La actividad tiene que ser algo que sea desconocido y que nos saque de nuestra zona de confort.
  2. Que sea todo un desafío. Las mejores actividades cerebrales son aquellas que aumentan la demanda de su atención plena y estrecha. No es suficiente que hayamos encontrado la actividad desafiante, además de eso, debe ser algo que requiera esfuerzo mental. Por ejemplo, aprender a tocar una nueva y difícil pieza musical.
  3. Que sea una habilidad que se puede construir. Busca actividades que te permitan empezar a un nivel fácil y trabaja de manera que mejoren tus habilidades. Cuando ese nivel previamente difícil empieza a sentirse cómodo, eso significa que es hora de abordar el siguiente nivel de rendimiento.
  4. Que sea gratificante. Las recompensas apoyan el proceso de aprendizaje del cerebro. Cuanto más interesados ​​y comprometidos estemos con la actividad, es más probable queramos seguir haciéndolo y mayores serán los beneficios que experimentaremos. Así que no olvides elegir las actividades que, aunque sean difíciles, también sean agradables y satisfactorias.

Pensar en algo nuevo que siempre has querido probar, como aprender a tocar la guitarra, hacer cerámica, malabares, jugar al ajedrez, hablar francés, bailar el tango, o dominar su swing de golf. Cualquiera de estas actividades pueden ayudar a mejorar su memoria, con tal de que le mantienen desafiados y comprometidos.







    No se salte el ejercicio físico
    Aunque es cierto que el ejercicio mental es fundamental para la salud del cerebro, no nos podemos olvidar del ejercicio físico, pues aunque aparentemente no guardan mayor relación, la verdad es que lo que pase con nuestro cuerpo tiene grandes efectos a nivel cerebral. Vemos por qué…
    Cuando realizamos actividad física, de mediana o alta intensidad, ayudamos a que haya un aumento de oxígeno en nuestro cerebro y reducimos el riesgo de trastornos que conducen a la pérdida de la memoria, como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Por otro lado, el ejercicio también mejora los efectos de sustancias químicas importantes y reduce las hormonas del estrés como el cortisol. Además, y como ya se mencionó anteriormente, el entrenamiento, que puede ser algún tipo de baile o algún deporte que requiera utilizar alguna técnica en particular, permite también desarrollar neuroplasticidad al aumentar los factores de crecimiento y estimular nuevas conexiones neuronales.


    Consejos para ejercicios de estimulación del cerebro
    • El ejercicio aeróbico es particularmente bueno para el cerebro, por lo cual estaría bien elegir actividades que mantengan un buen bombeo sanguíneo. En general, todo lo que es bueno para el corazón es grande para el cerebro.
    • Si nos toma mucho tiempo para quitarnos el sueño por las mañanas, es posible que el ejercicio matutino, antes de empezar el día, hace una gran diferencia. Nos despejará la mente y nos preparará para el aprendizaje a lo largo del día.
    • Las actividades físicas que requieren la coordinación mano-ojo o las habilidades motoras complejas son especialmente beneficiosos para la construcción del cerebro.
    • Los descansos de ejercicio puede ayudarnos a superar la fatiga y de la tarde depresiones mentales. Incluso un corto paseo o unos pocos saltos puede ser suficiente para reiniciar el cerebro.



    Escrito por: Natalia Castillo A.

    17 de agosto de 2016

    Verdades y mitos sobre la memoria

    Verdades y mitos sobre la memoria

         La mente humana es algo sorprendente, y aunque todavía no ha sido descubierta del todo, ya hay bastante información respecto a cómo funcionan mucho de los aspectos de ésta, entre estos, la memoria, que aun cuando no se ha descrito plenamente cómo funciona, sí se han podido señalar algunas teorías, como las explicadas anteriormente. En cuanto a ésta también se han mencionado bastantes cosas, algunas muy ciertas y otras no tanto.  Es por eso que en esta oportunidad hablaremos sobre algunos de estos hechos que seguramente has escuchado en alguna vez y que pueden ser que resulten verdad o no.

    1.- Se puede tener “buena” o “mala” memoria *** MITO
         Damos por sentado que tenemos una buena o una mala memoria dependiendo de su funcionamiento, que hemos nacido así y que nos tenemos que conformar con ese “dote”, sin ser consciente de que esta capacidad se puede entrenar y mejorar. Finalmente, al no entrenarla, esta capacidad realmente se comienza a perder y a malograr.
         La memoria es una habilidad y a memorizar bien se aprende a lo largo de la vida. Podemos compararla con un juego deportivo o mental; uno puede tener habilidades innatas para aquella actividad, como el pool, por ejemplo, sin embargo, aun así no basta con eso, por lo cual se debe entrenar constantemente. Por lo cual, al igual que otras actividades, la memoria requiere práctica… para desarrollarla y aumentar su capacidad.

    2.- Teniendo mucha memoria no hace falta estudiar ***  MITO
         Lo primero que hay que aclarar es que nadie tiene mucha o poca memoria, ya que no es una habilidad que se pueda cuantificar, ni medir. Lo que sí se puede decir es que uno tiene o no tiene una memoria entrenada y desarrollada. Segundo, esta memoria, a pesar de que puede ser prodigiosa en algunas personas, debe ser ejercitada y acompañada de otros procedimientos que intervienen en los procesos del aprendizaje como: la atención y la motivación, mejorando la codificación y el registro de la información y empleamos los métodos y sistemas mnemotécnicos, aprender y memorizar las tareas sencillas, etc.

    3.- ¿La actividad física estimula el cerebro? ***  REALIDAD
         La actividad física, como correr o los aeróbicos, tienen un efecto positivo sobre el hipocampo, la zona del cerebro donde reside la memoria. Además de eso, parece ser un tratamiento prometedor de bajo coste que mejora la función neurocognitiva y que es accesible a todas las personas mayores sin contraindicaciones específicas. Esto sucede debido a tres factores: los efectos de circulación sanguínea en el cerebro, la liberación de endorfina y el impacto en las células nerviosas que se ramifican dentro del cerebro.

    4.- Con la edad es normal olvidar ***  ¿MITO O REALIDAD?
         Con el tiempo, la adquisición de información se reduce o se desacelera, puesto que existe un declive físico y mental. Sin embargo, esto no significa que las personas mayores no pueden aprender o almacenar información; de hecho, no es verdad ni mucho menos que se sufran obligatoriamente serios problemas de memoria al llegar a la vejez, es más, personas que han estimulado su mente durante toda su vida pueden tener un funcionamiento mental incluso mejor que de algunos jóvenes. Y, a no ser que tenga una predisposición genética a sufrir algún trastorno en la memoria, su vida puede ser perfectamente normal.
         Para la mayoría de las personas lo que desayunaron este mismo día sigue estando en la memoria activa, el desayuno de ayer seguramente la gran mayoría de las personas puede que aún lo recuerden, sin embargo, aquel recuerdo de lo que desayunó la semana pasada puede que sea muy difícilmente de recuperar. El factor del tiempo es de una importancia crucial ya que a medida que va usted más atrás en el tiempo, los recuerdos empiezan a desvanecerse. Por otro lado, la disminución de la memoria en la vejez común. Sucede una suerte de paradoja donde a medida en que se va envejeciendo no son los recuerdos antiguos los que desaparecen, sino que es más frecuente que sean los recientes, como aquellos hechos episódicos (nombres de personas, lugares donde se dejaron pertenencias, planes o citas, etc.).
          Aparentemente, en la memoria de las personas de tercera edad pesan más los factores como la motivación, el estado de ánimo, el significado o el sentido del material que tienen que recordar, su salud y sus experiencias y conocimientos adquiridos durante toda su vida.

    5.- Dormir bien ayuda a la memoria ***  REALIDAD

         Varios estudios han comprobado que dormir bien disminuye el riesgo de padecer Alzheimer, una enfermedad que ataca principalmente a las personas mayores, a partir de los 40 o 45 años. Mientras que, por otro lado, si una persona se trasnocha, las posibilidades de aprender y memorizar algo nuevo disminuyen un 40%.  Adicionalmente, una adecuada noche de sueño ayuda a la buena memoria consolidando la información obtenida durante el día ya que, mientras dormimos, nuestro cerebro recorre algunas fases de sueños que mantienen al cerebro en alta actividad.

    Escrito por: Natalia Castillo

    Tipos de memoria

    Tipos de memoria
    Existen varias formas de clasificar y describir distintos tipos de memoria. En esta ocasión se describirán seis tipos de memorias relacionadas con la teoría del Modelo Multialmacén mencionado en el artículo de memoria de la semana anterior. (Puedes leerlo aquí).


    Memoria operativa: anteriormente habíamos hablado de las teorías de la memoria, y se describió la Memoria a Corto Plazo como una de las fases del Modelo Multialmacén. Hoy en día se reconoce que la descripción para ese almacén habría sido algo vaga y no se habría considerado la capacidad de esta para manipular la información entrante. Es así como hoy la teoría da cuenta que esta memoria tiene un carácter activo y que es capaz de interpretar, operar y transformar el material, es decir, ya sea para agrupar la información en unidades más pequeñas.


    Memoria a largo plazo (MLP): anteriormente también habíamos hablado de esta memoria, y la definimos como la memoria que generalmente conocemos.  Tiene una capacidad y una duración ilimitada y se compone de varias “memorias”:

    Memoria de procedimiento: se puede definir como la memoria del “saber cómo”, refiriéndose a su capacidad de recordar cómo hacer ñas cosas, por ejemplo, cómo conducir una bicicleta, cómo barrer, como caminar, etc. Procedimiento que realizamos sin estar conscientes todo el tiempo de lo que estamos haciendo, puesto que actúa automáticamente.


    Memoria declarativa: se podría describir como la compañera de la anterior, definida cómo el “saber qué”, y se divide en dos otras memorias:


    Memoria semántica: la memoria del significado y la más parecida a la MLP. Es donde guardamos todo nuestro conocimiento sobre el mundo; todos los conceptos, las reglas y el lenguaje. Podemos ser capaces de recuperar la información sin tener que recordar dónde o cuándo  aprendimos esa información. Por ejemplo, posiblemente no recordemos el momento cuando aprendimos a hablar, pero simplemente sabemos hacerlo, y lo hacemos del mejor modo que conocemos.


    Memoria episódica: esta memoria guarda nuestra información autobiográfica. Acá almacenamos nuestras experiencias pasadas, información sobre las personas que conocemos, sobre lo que nos pasa, los objetos que hemos observado, etc. y generalmente contiene información de los lugares en donde aprendimos todo eso. Debido a eso, a esta memoria suele acusársele de ser algo subjetiva, pues se basa en la realidad de cada uno.



         Dentro de la memoria episódica también podemos encontrar la memoria prospectiva que nos permite recordar acciones o planes que debemos realizar en el futuro. Acá podemos distinguir:

    -   El recuerdo prospectivo habitual: que permite recordar hacer cosas que hacemos regularmente, como hacer ejercicio determinados días o tomar los medicamentos en ciertos horarios.

    -    El recuerdo prospectivo episódico: que permite recordar hacer algo que no solemos hacer habitualmente, como hacerse exámenes de salud en algún momento, o comprar un regalo de cumpleaños.

    Escrito por: Natalia Castillo

    3 de agosto de 2016

    Memoria

    ¿Qué es la memoria?


    Existen diversas definiciones de la memoria, algunas más complejas que otras, sin embargo, a fin de comprender a nivel general de qué estamos hablando, diremos que la memoria es la capacidad (o función) mental que nos permite guardar y retener las experiencias del pasado, una información o un conjunto de datos. De esta manera se puede hacer uso de la información que se ha ido almacenando en nuestra mente para desenvolvernos diariamente.
    Hasta hoy en día, no se tiene claramente definido cómo funciona la memoria y cuáles son con exactitud sus procesos en nuestra mente, lo que sí se tienen son diversas teorías de cómo opera, algunas de las cuáles se presentan a continuación:


    Modelo de niveles de procesamiento de Craik y Lockhart (1972)

    Estos autores consideraban que el acto de memorizar algo es más bien un proceso activo que pasivo. Identificaban un solo tipo de memoria y sostenían que la capacidad para recordar depende de la profundidad con que procesamos.
    La información captada es procesada a lo largo de in continuo de menor a mayor profundidad, que va desde un nivel profundo superficial hasta otro de gran profundidad. Cuanto más profundo es el procesamiento, más tiempo permanece el recuerdo. De esta forma, sostienen que la forma de procesar sería de distintos niveles, pues hay procesamientos superficiales, intermedios y profundos y que éste dependería de la naturaleza del estímulo, es decir, de cómo sea la información que debamos recordar y del tiempo que tengamos para procesarla.
    Por ejemplo, hay información a la que le ponemos poca atención y ésta se procesaría superficialmente, como cuando alguien nos habla y no le ponemos atención a lo que está diciendo… posiblemente luego solo recordaremos que esa persona nos decía algo, y se vendrá a nuestra mente la imagen de ella comunicándonos ese mensaje y posiblemente el sonido –como murmullo– de las palabras que pronunciaba, sin embargo, no lograremos recordar sobre qué nos hablaba.
    Por otro lado, si le ponemos atención a determinado tema y lo hacemos de forma intencionada, podremos procesar más profundamente esa información y, por lo tanto, retenerla mejor.
    Es así como el tipo de procesamiento dependerá de cómo sea la información para nosotros, es decir, si es importante, interesante, útil, aburrida, irrelevante, etc.
    Este modelo ha sido criticado ya que no logra definir completamente bien qué era un procesamiento profundo y cómo la información a la que uno no está atento intencionalmente logra retenerse en la memoria.


    El modelo de Atkinson y Shiffrin (1968)

    Por otro lado, estos psicólogos planteaban que la memoria vendría a dividirse en tres tipos de estructuras independientes: la memoria sensorial (MS), la memoria a corto plazo (MCP) y la memoria a largo plazo (MLP).
    Los autores teorizan que el proceso de memoria tiene cuatro funciones básicas: percibir, lo cual puede ser algo deliberado (voluntario), como: ver, oír o involuntario.

    MS: La puerta de entrada. Acá es la primera estructura donde llega la información que obtenemos a partir de las percepciones de los sentidos, y ésta se mantiene unos segundos (no más de tres), por si acaso se procesa. Si prestamos una mínima atención a esa información que percibimos, ésta es inmediatamente traspasada a la memoria a corto plazo, pero si no la atendemos, ésta información simplemente se pierde.

    MCP: Esta estructura correspondería al almacén que conserva memoria que necesitamos ocupar o recordar en corto periodo de tiempo. Es una estructura un poco frágil, acá cabe poco material, el cual se mantiene entre 20 ó 30 segundos. Como ejemplo podríamos pensar en que estamos teniendo una conversación con alguien que nos da un número de teléfono, pero no tenemos nada a la mano inmediatamente para anotarlo, por lo que, mientras buscamos ese lápiz y hoja, retenemos unos segundos esa información para posteriormente escribirla. Luego de lograrlo, simplemente la olvidamos.
    Ahora bien, si esta información la elaboramos, siendo capaces así de repetirla reiteradamente, buscarle significado, asociándola a otros datos que ya tenemos, podremos mantenerla por más tiempo, y conseguiremos así traspasarla al almacén de la memoria a largo plazo.

    MLP: Esta es la estructura que finalmente conocemos como memoria. Acá guardamos absolutamente todo lo que sabemos, tiene una capacidad ilimitada, así como también lo es su duración.


    Este modelo también ha sido bastante criticado ya que se le acusaba de ser demasiado simple y de no haber logrado esclarecer como hay cierta información –como esa cancioncita que todo el mundo canta y que, a pesar de no haber hecho esfuerzo por aprendérnosla, no podemos quitárnosla de la cabeza o ese libro que nos hemos estudiado muchas veces para dar un examen- que no obedece la regla de la atención y repetición y que de igual, mejor o peor manera intentamos memorizar con la intención de ocuparla después.


    Escrito por: Natalia Castillo A.